Pasé caminando y ahí la vi:
Una hermosa nena,
con la abstracción
de un oficinista resignado.
Con una pollera hippie
y una musculosa negra.
Recibiendo la efervescencia
de las máquinas temblantes.
Secando su frente
con ese antebrazo;
usándolo de pañuelo.
Divina obrera
del lavado en seco,
malabarista de
sahumerios suavizantes.
Con la habilidad de manejar
las monedas como fichas de poker.
Doblando el amor
con una velocidad peligrosa,
jugando con las bolsas
de plástico transparente.
Estaba ahí, obsesionada,
nadie pudo correrle la cara.
Sus tetas se hamacaban
por el ósmosis, al unísono
y a un tempo hipnotizante.
Agarró el termo rojo
y lo corrió de su camino,
despejando su área de trabajo.
Fue un segundo casi, pero
pasé caminando y la vi
fregando el calzoncillo de otro loco.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada