III
Si pudiera
despegarse el exoesqueleto,
si pudiera
-mi dalía blanca,
mi experimento-
desprender su eterna armadura de hormigas,
si pudiera.
Hablar de mi esencia,
es hablar de luz;
yo creo de donde
antes no había nada,
cosecho espinas en un monte fluorescente,
levanto ciudades desde el desierto
y vuelvo eterna las cosas.
Soy un dínamo de vida.
Cerca mío,
Las cosas parecen gravitar,
encuentran su sendero natural,
el rumbo, la mística.
En mí
concluyen las estrellas.
Hasta mí llegan sus mensajes
en ondas eléctricas,
con pulsaciones en clave morse.
Yo soy su representante
en este mundo,
su traductor,
su artísta de moda.
Soy el manierista
que arrastra su obra de arte
por el campo de trigo,
aquel que conduce este suave
torso acéfalo
tarde
a la madrugada.
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